Las piscinas particulares concentran el mayor índice de menores fallecidos por ahogamiento

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Cuando vamos a la piscina lo hacemos con el objetivo de disfrutar, divertirnos y pasar un rato agradable. Sin embargo, una mala vigilancia puede hacer que, lo que inicialmente iba a ser un tiempo divertido, se convierta en una pesadilla. La mayoría de fallecimientos de menores por ahogamientos se producen en piscinas, fundamentalmente, piscinas particulares. 

En este artículo, analizamos los datos al respecto y recordamos cuáles son las mejores medidas de prevención para evitar que se produzcan estos accidentes. 

¿Dónde se producen más ahogamientos de menores?

Las piscinas privadas en viviendas unifamiliares se han convertido en el principal escenario de tragedias por ahogamiento infantil en España. Así lo confirma un estudio de la asociación para la prevención de ahogamientos Canarias, 1500 Km de Costa, que contabiliza 21 muertes de menores en los últimos cuatro meses, de las cuales 16 (76%) se produjeron en piscinas.

El dato más alarmante es que más de la mitad de los fallecimientos (52%) ocurrieron en piscinas particulares, generalmente en chalets, casas de campo y viviendas unifamiliares. En el mismo periodo se registraron también casos en playas (tres, uno de ellos aún desaparecido en el Atlántico), además de una poza y un pantano.

La franja de 0 a 5 años concentra la mayor mortalidad (10 menores), seguida de adolescentes entre 11 y 17 años (9 casos). Además, se confirma la prevalencia en varones: el 81% de los fallecidos eran niños.

Los episodios se concentran en franjas horarias de mayor relajación familiar: el 43% de los casos se produjeron entre las 12:00 y las 16:00 horas, coincidiendo con el almuerzo y la sobremesa.

Por comunidades, Andalucía lidera las cifras con ocho muertes infantiles en piscinas, seguida de la Comunidad Valenciana (4), Canarias (2), Baleares (1) y Castilla-La Mancha (1). Cataluña, por su parte, registró cinco fallecimientos, todos en playas.

La importancia de la vigilancia activa

El estudio advierte que en 9 de cada 10 accidentes había una falta de atención por parte del adulto responsable. El ahogamiento es rápido y silencioso: un bebé puede morir en apenas 27 segundos y un niño de entre 4 y 7 años en menos de tres minutos. Por esta razón, hay que mantener una vigilancia activa y constante sobre los pequeños, sin delegar esa responsabilidad únicamente al socorrista.

Una de las reglas que se puede aplicar es la conocida norma 10/20 (vigilar al menor cada 10 segundos y estar en condiciones de alcanzarlo en 20), aunque lo más seguro es entrar en el agua junto a los pequeños.

A este riesgo se suma el llamado síndrome del “ahogado invisible”, cuando un menor se encuentra en apuros en un entorno lleno de gente, pero nadie detecta el peligro porque parece que juega o bucea.

Medidas de prevención imprescindibles

La seguridad en piscinas es uno de los objetivos principales en cualquier caso, ya sea una piscina municipal, comunitaria o particular. Estas son algunas de las medidas de prevención que puedes adoptar:

  • Vallar la piscina con una barrera de al menos 1,20 metros y puerta con cierre automático.
  • Evitar protectores de tela o plástico que puedan convertirse en trampas bajo el agua.
  • Cubrir las piscinas portátiles con elementos sólidos y vaciar las hinchables tras cada uso.
  • No correr por el borde de la piscina para evitar deslizamientos o resbalones.
  • Mantener una vigilancia constante y activa de los menores, sin distracciones.
  • En las piscinas comunitarias, respetar siempre las indicaciones del socorrista.
  • Asegurarse de que los menores se bañan con dispositivos de seguridad como chalecos, manguitos o similares.

Responsabilidad civil y deber de prevención

Más allá de la prevención técnica y personal, es clave recordar la responsabilidad civil subsidiaria que recae sobre los propietarios de una piscina en caso de accidente. 

La ausencia de medidas de seguridad, como un socorrista homologado en comunidades de vecinos, hoteles o parques acuáticos, puede derivar en sanciones legales y reclamaciones millonarias.

Por ello, contar con socorristas formados y homologados no solo es una garantía de respuesta inmediata, sino también una obligación ética y legal en muchos entornos colectivos. Y, desde luego, un refuerzo importante para velar por la seguridad de los más pequeños.

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