Después de muchos años dedicándonos al mantenimiento de piscinas comunitarias hay algo que seguimos repitiendo en cada reunión con administradores y presidentes de comunidad: la temporada de baño no empieza cuando hace calor, empieza cuando se cierra la piscina en septiembre.
Puede sonar exagerado, pero la experiencia, y la normativa vigente, lo dejan muy claro. Cuando en primavera aparecen las prisas, los presupuestos urgentes y el “¿podemos abrir en dos semanas?”, normalmente ya es tarde.
Hoy, con la entrada en vigor del Decreto 99/2024 de la Comunidad de Madrid, esta realidad es aún más evidente. La normativa pone el foco en la prevención, en el control continuo y en la trazabilidad de todo lo que ocurre en la instalación. Y eso, sencillamente, no se puede improvisar en abril.
El agua no se recupera de un día para otro
Uno de los cambios más importantes es la posibilidad de conservar el agua de una temporada a otra. Sobre el papel es una gran noticia: ahorro económico, sostenibilidad y una puesta en marcha mucho más rápida.
Pero hay una condición: el agua tiene que mantenerse en condiciones durante los meses en los que la piscina está cerrada.
Aquí es donde se ve claramente la diferencia entre una piscina que se ha trabajado en invierno y otra que no:
- En la que se ha hecho mantenimiento preventivo, el control inicial de la analítica sale correcto y la apertura es fluida.
- En la que se ha dejado “parada”, el agua llega a primavera sin desinfección residual, con proliferación biológica y parámetros descompensados. Y entonces empiezan los tratamientos de choque, el consumo elevado de productos químicos y, en muchos casos, el vaciado.
Las analíticas que exige la normativa antes de la apertura no son un trámite. Son la prueba de que todo lo anterior se ha hecho bien.
La depuración también necesita su propio invierno
Otro error habitual es pensar que el sistema de depuración se revisa cuando se va a poner en marcha. En realidad, la depuradora es el corazón de la piscina y necesita su propio calendario de mantenimiento.
Bombas, filtros, válvulas, cuadros eléctricos, sondas de medición… Son elementos que trabajan muchas horas al día durante la temporada. Cuando se paran, es el momento perfecto para:
- comprobar caudales reales
- sustituir cargas filtrantes
- revisar estanqueidad
- calibrar equipos de medición
La nueva normativa ya no se conforma con un tiempo de recirculación teórico, exige que el sistema funcione según las especificaciones reales del fabricante. Y eso solo se garantiza con revisiones hechas con tiempo.
Medir bien significa tenerlo todo preparado antes
El control de la turbidez del agua es un buen ejemplo de hacia dónde va la gestión actual de las piscinas. Hay que medir con equipos adecuados, calibrados y con procedimientos definidos.
Cuando este trabajo se deja para el último momento aparecen los problemas habituales, como equipos que no funcionan, falta de calibración o falta de formación específica. Sin embargo, cuando se revisa todo en invierno, en temporada el control es rutinario y seguro.
El vaso de la piscina también envejece (aunque no se use)
Durante los meses sin baño ocurren muchas cosas en el interior del vaso: aparecen biofilms, se fijan las algas, se marcan las incrustaciones y sufren las juntas y sellados.
Si el agua se conserva correctamente y se mantiene un tratamiento mínimo, todo esto se controla. Si no se hace, en primavera no estamos preparando la apertura, estamos intentando recuperar una instalación deteriorada.
Y eso se traduce en más costes y más tiempo de demora.
El protocolo de autocontrol no se redacta en una tarde
Otro de los pilares del decreto es la obligatoriedad del protocolo de autocontrol en determinadas comunidades. Este documento no es un papel para archivar, es el manual real de funcionamiento de la piscina.
Incluye, entre otras cosas:
- cómo se trata el agua
- cómo se limpia
- qué mantenimiento se realiza
- qué controles se hacen y cuándo
Para que sea útil tiene que basarse en la instalación real y en su histórico. Por eso se trabaja fuera de temporada, con calma, revisando cada punto.
La tranquilidad de abrir sin sobresaltos
Las comunidades que apuestan por el mantenimiento preventivo tienen algo en común: cuando llega el calor, la apertura es un trámite.
La clave para que esto suceda es que se abandone la idea de gestionar la piscina solo durante la temporada y pase a gestionarse durante todo el año. Y es que preparar una piscina en mayo es más caro, estresante y arriesgado.
En cambio, realizar un mantenimiento preventivo previo es seguro, eficiente y más económico.











