Con la llegada de septiembre y el fin de la temporada oficial de baño, la tendencia natural en la mayoría de las comunidades de propietarios es cerrar las puertas de la instalación y no volver a pensar en la piscina hasta la primavera siguiente. Sin embargo, desde el punto de vista técnico y constructivo, el otoño no es el final de la campaña, sino la verdadera «temporada alta» para cuidar la estructura del vaso.
Durante los meses de verano, los materiales de la piscina sufren un desgaste intenso debido a los picos de temperatura, la exposición continuada a los rayos UV, la acción de los productos químicos y el uso constante por parte de los bañistas. Esto suele traducirse en la aparición de pequeñas fisuras, la pérdida de piezas de gresite o el deterioro del material de rejuntado. Retrasar estas reparaciones hasta el mes de mayo es una costumbre muy extendida que, lamentablemente, suele encarecer las facturas de la comunidad.
La razón principal para intervenir en otoño es puramente preventiva frente a la climatología. Una microfuga o una pequeña grieta desatendida en septiembre se enfrentará a las heladas del invierno. Cuando el agua filtrada en la estructura se congela, se expande, provocando que esa fisura menor se convierta en una rotura estructural grave que comprometerá la estanqueidad de todo el vaso. Además, las temperaturas suaves del otoño, sin el calor extremo de agosto ni las heladas de enero, proporcionan las condiciones óptimas para el correcto fraguado de los materiales de agarre, cementos y láminas armadas (liner).
A nivel logístico, planificar las reformas de impermeabilización, la sustitución de la piedra de coronación o la modernización de la sala de máquinas durante los meses de otoño aporta una gran ventaja a los administradores de fincas. En esta época, las empresas profesionales del sector cuentan con mayor disponibilidad para realizar evaluaciones exhaustivas y ejecutar los proyectos con el máximo rigor, evitando las urgencias, los retrasos y el estrés que inevitablemente surgen durante la avalancha de peticiones primaverales.
Desde EMPIA recordamos que una piscina bien gestionada es un activo que requiere atención continua. Anticiparse a los daños del invierno de la mano de profesionales cualificados es, sin duda, la decisión financiera e institucional más inteligente para cualquier comunidad de vecinos.











