La llegada de las olas de calor del verano ponen a prueba las piscinas, que han afrontado una apertura más exigente de lo habitual al coincidir el inicio de la temporada con un episodio de temperaturas extremas y un incremento inmediato del número de bañistas.
EMPIA advierte que, habitualmente, los episodios de calor más intenso se concentran en los meses de julio y agosto, cuando las piscinas ya han completado su fase inicial de adaptación y los equipos técnicos han consolidado sus rutinas de trabajo. Sin embargo, este año la primera ola de calor se ha adelantado a junio y coincide con la primera semana de apertura de muchas instalaciones, provocando una situación de mayor complejidad operativa.
El equilibrio del agua, el principal desafío en el arranque de temporada
El aumento de bañistas derivado de las altas temperaturas tiene un impacto directo en la calidad del agua. La mayor presencia de usuarios modifica los parámetros habituales de las piscinas, especialmente el nivel de pH, lo que obliga a realizar controles más frecuentes y ajustes continuos para garantizar unas condiciones óptimas de baño.
Desde EMPIA explican que los equipos de mantenimiento están realizando un esfuerzo adicional para adaptar las instalaciones a una demanda que ha llegado de forma más intensa y rápida de lo previsto. La combinación de altas temperaturas, mayor uso de las piscinas y una apertura concentrada en pocos días está marcando un inicio de verano con una carga de trabajo especialmente elevada.
EMPIA recuerda que las piscinas son espacios seguros siempre que se mantengan los controles establecidos y que el trabajo de los profesionales del sector resulta fundamental para garantizar la calidad del agua y el correcto funcionamiento de las instalaciones durante los meses de mayor demanda.











